martes, 21 de agosto de 2012

La llegada al paraíso: Phuket y Ko Phi Phi


Después de estos días de descanso, volvemos a actualizar el blog con más ganas que nunca. Phuket nos esperaba con los brazos abiertos y disfrutamos de dos días en la gran isla, concretamente en la tranquila Kata beach, ya que el ambiente festivo de Phuket ciudad y Patong no iba con nosotros. 











En los días que pasamos en Phuket, además de relajarnos y visitar las playas cercanas, alquilamos una moto y fuimos a ver el Gran Buda, una figura inmensa en la cima de una montaña desde la cual se divisa casi toda la isla de Phuket. Todavía está en construcción y dicen será una de las obras modernas más importantes del budismo. 







Nos despedimos de Phuket con un genial atardecer en la playa y pusimos rumbo a las famosas islas de Ko Phi Phi. Nos hospedamos en unas cabañas en la playa de Hat Phak Nam en la isla de Ko Phi Phi Don donde sólo se podía llegar en unas pequeñas barcas de madera.  Hicimos snorkel, intentamos cazar cangrejos y pasamos un día relajados de hamaca en hamaca.














Al día siguiente, visitamos la isla vecina Ko Phi Phi Le que alberga la archiconocida playa de Maya Bay escenario de la película La Playa. El barco en el que íbamos nos dejó en el agua en un acantilado cercano (ya que los barcos grandes no pueden entrar en Maya Bay) y tuvimos que nadar y trepar por unas redes para llegar a la playa. Después de cruzar un camino frondoso llegamos, por fin, a divisar la famosa  playa y la sensación no fue la esperada. Estaba demasiado masificado: muchísima gente y muchísimas lanchas. Es una visita obligada porque el entorno y la playa en si es realmente bonito pero no dista tanto de otras playas que hemos podido ver. En nuestra opinión se tendría que cuidar mucho más como parque natural y quizá controlar el número de visitas para evitar la masificación y el deterioro de un paraje como este. 











Una vez regresamos al puerto de Ko Phi Phi Don, esperamos al barco que nos llevaba de regreso a nuestra cabaña dando vueltas y visitando otras playas. Nos gustó mucho la de Ao Lo Danam de aguas cristalinas, calmadas y de poca profundidad. 





Nuestro próximo destino no se encuentra muy lejos de estas islas… ponemos rumbo a Krabi y a sus playas de Ao nang y Railay!


miércoles, 15 de agosto de 2012

Ruta 1095: Chiang Mai – Pai – Mae Hong Son



Como el trekking nos supo a poco y nos están encantando los paisajes del norte de Tailandia, decidimos dejar el equipaje en la guest house, coger lo básico y necesario y alquilar una moto para hacer la ruta 1095 durante tres o cuatro días. La moto seleccionada fue una Honda Phantom que en principio es una fiable moto de carretera.

En el primer tramo de Chiang Mai a Pai todo fue sobre ruedas, buena carretera y  grandes vistas. Pai es el lugar de veraneo de muchos ciudadanos de Bangkok en su temporada más fresca, no obstante ahora está más vacío pero sigue conservando su encanto hippie y relajado. El hotel donde decidimos pasar noche, el Pai Laguna, es lo que uno se imagina cuando piensa en un lugar tranquilo para descansar en un valle de estas características. Una cabañita de madera junto a un lago con vistas a las montañas y nada más que un sofá, una hamaca en la pequeña terraza exterior y un perro callejero la mar de cariñoso!












Como era todo tan idílico nuestra moto decidió no encenderse cuando nos disponíamos a visitar el centro de Pai. Avisamos al sencillo personal del hotel y ellos se encargaron de avisar a unos jóvenes mecánicos que se llevaron la moto para arreglarla (limpiaron el carburador y poca cosa más). Mientras, el genial dueño del hotel nos dejó su moto y así pudimos visitar Pai y volver sin problemas.







El segundo tramo era de Pai a Mae Hong Son, todo iba bien y los paisajes estaban dejando de mostrar arrozales para aumentar la frondosidad de la vegetación. A medio camino, en las cercanías de un pequeñito pueblo llamado Pang Mapha la moto decidió empezar a renegar de las numerosas cuestas y se quedó parada en una. Los empujones de unas señoras cargadas con sacos que pasaban por allí en ese preciso momento nos ayudaron a revivir la moto y llevarla al pueblito. Allí un mecánico de lo más rústico, en apenas media hora, sacó el pedal de cambiar las marchas, soldó alguna pieza y ¡listos! La moto estaba vivita y parecía que quería seguir el tramo que nos quedaba!




...y llegamos a Mae Hong Son, un pueblo rodeado de montañas con notable influencia birmana en sus templos debido a la cercanía con este país vecino. Ya con el vientre lleno decidimos buscar un lugar para dormir esa noche y como no hay dos sin tres… la moto volvió a morir en una calle soleada. A pesar de ello y creemos que con la suerte de nuestro lado otro buen samaritano tailandés (y es que realmente aquí la buena gente abunda) se encargó de ir a buscar un mecánico con su moto y volvieron con una furgoneta para cargarla y llevarla a la tienda de reparaciones. Esta vez había sido la bujía y la batería. Con la moto en nuestro poder visitamos los templos de estilo birmano del pueblo y paseamos junto al lago.









A la mañana siguiente, tocaba deshacer la ruta y emprender camino a Chiang Mai. Por casualidades del destino, cerca del pueblo de Pang Mapha donde paramos en la segunda reparación, un tramo de barro nos sorprendió y acabamos marrones. No quedó ahí la cosa, ojalá, en otra temible cuesta la moto se paró y empezó a escupir la gasolina dejándonos perplejos por la cantidad de interferencias que irrumpían nuestra aventura. 

De nuevo, y gracias al amigable carácter y generosidad thai, tuvimos la gran suerte de que pasara por esa carretera solitaria una moto de un auténtico boy-scout francés que estaba recorriéndose el norte de Tailandia él solo. Además de él, también paró una camioneta de unos tailandeses que iban hacia Pai.
Diez minutos después, y con la ayuda de todos, la moto ya estaba subida y amarrada, y nosotros (uno en la cabina con el conductor y otro en la parte trasera con un militar y la moto) nos dirigíamos esta vez sobre cuatro ruedas, hacía Pai.




El traductor altruista del mecánico de Pai nos ayudó a comunicarnos con la compañía que vino a buscarnos en una furgoneta para llevarnos de vuelta a Chiang Mai. Así que el último tramo de Pai a Chiang Mai, por muchas ganas que tuviera Xavi de hacer curvas, lo hicimos en furgoneta. 





Al llegar a Chiang Mai los jefes de la compañía nos estaban esperando, nos montaron en su 4x4 de lujo y nos llevaron a una de las sucursales del centro eso sí, invitándonos a medio camino a cenar unos noodles con sopa espectaculares.

Nuestras dotes interpretativas de pena y enfado (y para ser sinceros también le echamos bastante morro) ayudaron a que nos devolvieran gran parte del dinero y además nos dejaran una moto gratis para el día siguiente. Como anécdota la moto que según la dueña era la que estaba disponible es rosa y blanca y tiene matrícula de la Kitty. Ya os podéis imaginar el cambio que supuso para Xavi conducir una Phantom a una vespino rosita.

Nos despedimos de esta ciudad que nos ha encantado con unas bambas nuevas cada uno, unos cuantos masajes en las espaldas y  la ilusión de volver y seguir disfrutando del norte del país. Ahora sí, iniciamos ruta por el sur y esta misma noche volamos hacía la playita!